Solo soy alguien...

Hola, espero que te encuentres bien, estimado lector.

Traigo esta historia que, lamentablemente, sabemos que ocurre a nuestro alrededor cuando vemos a personas como la que se describe, en idénticas circunstancias y pasamos de largo (me incluyo) sin siquiera mirarla a la cara.

¿Por qué la traigo?... Pues, porque tal vez de hacerlo, podamos captar lo que nos dicen sus ojos y tener una actitud distinta.

Te espero al final.


El cartel

Clarín

Noviembre, 2021


“Solo soy alguien que ha atravesado tiempos difíciles”, contó el hombre que sufrió violencia y discriminación.

Para Michael Bucknell fue todo una gran pesadilla. Primero perdió su trabajo, luego sus pocos ahorros se agotaron y finalmente llegó el momento en que no tuvo alternativa más que agarrar sus cosas y dejar el departamento que alquilaba en Wakefield (Inglaterra) para irse a vivir en la calle.

Creyó que sólo estaba pasando por un mal momento y que tarde o temprano llegaría la oportunidad laboral para retomar nuevamente el rumbo de su vida.

Pero la crisis se extendió mucho más de lo que imaginó. Pasaron dos años de forma intermitente entre refugios, viviendas temporales y la dolorosa vida sin techo.

La vida en la calle fue dura. Además de la vergüenza y la humillación, sufrió ataques de las personas que al pasar lo agredían.

A sus problemas de dinero se sumaron algunos propietarios exigentes y así se volvió imposible que pudiera mantener un lugar donde vivir.

La vida en la calle mendigando por algo para poder comer tampoco fue sencilla. Además de la vergüenza y la humillación que sentía, sufrió ataques de las personas que al pasar lo agredían.

"No me gusta mendigar, lo encuentro bastante degradante. Me han escupido, golpeado, acusado de pedir solo dinero para consumir drogas", contó sobre los días más duros de su vida sin hogar.

Cansado de que le gritaran, Michael sintió que ya era suficiente, que no toleraría pasar otra Navidad en la calle y decidió hacer un cartel distinto, uno que contara desde el corazón cómo se sentía.

"Soy Michael, no consumo drogas ni alcohol. Simplemente tuve la mala suerte de quedarme sin hogar. Estoy buscando empleo o cualquier otro trabajo. Gracias por tu ayuda y amabilidad, Michael".

Así de sencillo y directo al corazón.

Así escribió sobre un pedazo de cartón y lo puso en el lugar en el que se sentaba para pedir ayuda en la puerta de una tienda Aldi.

Al poco tiempo se le acercó una mujer llamada Mollie May, quien le sacó una foto y compartió su cartel en Facebook y pidió a sus contactos que le dieran una oportunidad o le dijeran si sabían de alguna posibilidad laboral para ofrecerle.

La imagen se viralizó.

Rápidamente empezaron a sumarse pequeñas donaciones. Además, apareció Dominion Housing Services, que proporciona vivienda a personas desempleadas y, si bien Michael aún no ha logrado un trabajo formal, cada vez más personas se detienen para donarle algo o comprarle algo de comer.

Se le ha dado un lugar para quedarse y ahora espera amueblarlo con algunos elementos esenciales, como una tostadora y un televisor, si puede reunir los fondos.

Pasó casi tres años detenido en un psiquiátrico por un error en la identidad.

"Solo soy alguien que ha atravesado tiempos difíciles, he tenido altibajos a lo largo de mi vida y recientemente quería un lugar al que llamar hogar.

Me dije a mí mismo: 'Quiero estar fuera de las calles antes de Navidad' y ahora la gente me ha dado ese regalo de Navidad", declaró Michael agradecido.

"Estoy empezando desde cero, pero estoy mejorando. Es un nuevo comienzo y espero que sea un nuevo capítulo de mi vida. Se siente brillante, no puedo agradecer lo suficiente al público. Me ayudaron de una manera importante. Ahora que estoy fuera de las calles voy a aprovechar esta oportunidad con ambas manos y no dejarla pasar".


Bueno, aquí estoy.

Probablemente te preguntarás ¿qué tiene ese cartel de distinto con respecto a los cientos con los que nos topamos en nuestras calles porteñas?

Debo confesarte que, objetivamente, no gran cosa. Pero en el fondo, sí, hay sutilezas que marcan la diferencia.

El hombre no pide dinero ni comida para él o su familia. Lo que pide es solo trabajo. Así de simple y sencillo. Pide, no mendiga.

Lo hace con cortesía, sin “Que Dios se lo pague”.., que ni el que pide se lo cree. Recurre solo a la amabilidad de la gente.

Al comienzo la respuesta no es monetaria, sino comunicacional, que es lo que él necesita para resolver su problema. Recién después aparecerá una económica.

¿La sociedad inglesa de unos de sus pueblos es mejor que la nuestra? No diría que mejor, sino distinta. Tiene más tiempo para caminar, mirar (además de ver) y dedicarle un poco de tiempo a la gente pobre con la que se encuentra.

Simplemente, por la suma de todo lo anterior, el resultado sorprende.


Ahora, me gustaría conocer tu opinión sobre este tema, especialmente si difiera de la mía.

Espero encontrarla en los comentarios del artículo en el Blog de nuestra página.

¡Gracias por tu tiempo!

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