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Los mayores retos de las personas mayores en nuestra sociedad

Hola, estimado lector.

En esta oportunidad quiero presentarte estas breves reflexiones sobre diversos temas a los que deben enfrentarse las personas mayores.

Nada es desconocido, salvo el hecho de que para tomar real conciencia sobre la gravedad de los mismos, hay que estar viviéndolos en carne propia.

Todo lo que se pueda planificar previamente, en nuestro país sirve de poco, aunque creo que es un ejercicio que no podemos dejar de hacer.

Como siempre, te espero al final de la lectura.


Los mayores retos de las personas mayores en nuestra sociedad

Tony Salgado

Agosto, 2020


“Es bien sabido que, como sociedad, vivimos mucho más tiempo gracias a la mejora de las condiciones de vida y de la atención sanitaria.

Aunque poder llegar a la vejez es algo por lo que estar agradecidos, en muchos sentidos existen varios retos a los que se enfrentan las personas mayores, a los que todos debemos prestar más atención.

A menudo no es hasta que nosotros mismos empezamos a envejecer o cuando vemos que un ser querido tiene dificultades, cuando nos despertamos y caemos en que ese será nuestro futuro inevitable.

Sin embargo, como sociedad, podemos hacer más de lo que creemos para facilitar la vida a nuestra población que envejece.

En este artículo se exponen los mayores retos a los que se enfrentan las personas mayores hoy en día y cómo podemos apoyarles y permitirles envejecer con la dignidad que merecen.


  • Pérdida de sentido de pertenencia

Hay muchos estereotipos anticuados sobre las personas mayores, los que pueden provocar su aislamiento y marginación en muchas comunidades, seguramente como las nuestras.

Pero está a nuestro alcance crear e implementar formas innovadoras de implicar a las personas mayores en nuestras comunidades.

A través de diversos actos sociales, ya sean artísticos, culturales o musicales, entre otros, podremos ayudarles a desarrollar y mantener un sentimiento de identidad y autoestima, que los motive a participar y los hagan sentir como propios.

Adicionalmente, también se puede aprovechar toda la riqueza de conocimientos y experiencia que atesoran, y que resulta tan vital para el desarrollo de la sociedad, en especial para los jóvenes.


  • Inseguridad financiera

Aunque cada vez vivimos más años, por desgracia el mundo del empleo y la jubilación no han evolucionado al mismo ritmo.

Diría que lo han hecho en forma contraria, desgraciadamente.

Es sabido que muchas personas mayores son capaces y están más que dispuestas a trabajar más allá de la edad de jubilación estándar, dado que aún se sienten lúcidos y activos.

Pero la triste realidad es que las oportunidades laborales no existen para ellos y se privilegia la edad a los conocimientos.

Además, la gestión de las finanzas cotidianas y la planificación de la vejez pueden suponer un serio desafío para las generaciones mayores, ya que muchas cosas se hacen ahora por Internet o a distancia, dos nuevos paradigmas a los aprendidos por ellos durante sus juventudes.

A los escasos ingresos que reciben mediante jubilaciones que se desfasan cada vez más con respecto al costo de vida, se les suman, por si fuera poco, el desconocimiento tecnológico que se puede traducir en fraudes y estafas.

Una alternativa que se puede desarrollar es crear asociaciones de jubilados, agrupados según sus conocimientos, que puedan realizar trabajos remotos a módicos precios, que sean atractivos a algunas empresas, con respecto a los profesionales del mercado. A ellos les representará, seguramente, un atractivo segundo haber.


  • Dificultades con las tareas cotidianas y la movilidad

Sabemos que la movilidad y la destreza de las personas disminuyen de forma natural a medida que envejecen, y también que ello dificulta la realización de las tareas cotidianas.

Esto puede hacer que, poco a poco, las personas tengan que dedicarse mayoritariamente a cuidarse a sí mismas, lo que generará el impedimento de ser más sociables, perseguir intereses que quieren concretar o participar en actividades que les gustan realizar.

Son necesarios proyectos de las comunidades estatales de los barrios donde habitan para romper este círculo vicioso que los mantiene atenazados.

Seguramente tienen el presupuesto para ello, pero como en muchos casos, el mismo es desviado hacia otros fines no tan nobles como este.

El desarrollo de productos y programas centrados en la seguridad, el equilibrio, la forma física y la movilidad, entre otros temas, servirán para garantizar que la gente mayor pueda abrirse y seguir evolucionando como seres humanos.


  • Encontrar la asistencia adecuada

Cuando la independencia total deja de ser práctica, muchas personas mayores necesitan cuidados adicionales a los que ya venían recibiendo.

En algunas oportunidades, estos cuidados pueden ser prestados por sus familiares, si es que los tienen y están dispuestos, pero esto puede suponer una gran carga para el cuidador al que pueda recurrir, a la hora de compaginarla con el trabajo y otras responsabilidades familiares que ya tiene.

Estos cuidadores familiares no están preparados en muchos casos para hacerlo, a pesar de la buena voluntad que tengan.

Ellos deben recibir la formación, los recursos y el apoyo emocional necesarios por parte de la comunidad barrial mediante programas especializados, para ayudarles a prestar los mejores cuidados a sus seres queridos y a sí mismos.

En algunos casos, es más apropiado contratar a un cuidador profesional de forma regular, por ejemplo, cuando existen afecciones médicas complejas y/o discapacidades físicas, pero no todas las familias pueden permitirse el gasto asociado a este servicio. Diversos programas de voluntariado pueden contribuir a brindar su ayuda, aunque sea paliativamente.

Es necesaria una coordinación entre las necesidades de los adultos mayores y las ofertas de voluntarios para poder cubrir esta brecha.


  • Acceso a los servicios de la salud

La asistencia sanitaria puede resultar complicada y desarticulada para las personas mayores, sobre todo para las que padecen diversas enfermedades crónicas y de larga duración.

En estos casos, la atención de las mismas requiere muchos profesionales médicos y otros de soporte para coordinar la administración de medicamentos y otros tipos de cuidados.

En muchos de los casos, las personas mayores solo cuentan con la obra social que les brinda el estado (Pami), al no poder acceder a una privada, a raíz de sus escasas jubilaciones.

Si bien la situación actual deja mucho que desear con respecto a una atención digna de las personas mayores, se comienzan a ver durante los últimos años algunos signos de mejoría en cuanto al equipamiento de algunos centros de atención primaria.

Lo que me causa una gran irritación es ver que la cantidad de personas que trabajan en Pami y los sueldos que cobran, no se condicen con el servicio que presta esta obra social, lo cual me hace dudar mucho del destino real que se da a sus fondos de financiación. Creo fundamental una auditoría privada independiente que ayude a aclarar el sistema.


  • Preparativos para la partida

Todos debemos prepararnos para lo inevitable, pero la muerte suele ser un tema difícil de tratar o planificar.

Las personas mayores y sus familias necesitan apoyo a la hora de considerar las opciones disponibles para el final de la vida, las implicaciones financieras y cómo garantizar que se respeten los deseos de dicha persona.

En muchos casos esto no se da, y eso trae como consecuencia diversos problemas y dolores de cabeza a los familiares luego del deceso, los que se suman al dolor y tristeza lógicos por la pérdida sufrida.

A veces una simple y honesta conversación con la persona cuando ya se aproxima lo inevitable es suficiente para estar preparados para la partida, en la que se traten los temas personales que solo la persona conoce, y sus deseos sobre la despedida, la distribución de bienes, entre otros temas.

Todo lo anterior está bien que se haga, salvo que ello sea el tema predominante de la persona mayor aun cuando no se avizora el final.

Si lo es, es signo inevitable de que ella considera que es lo único importante que le queda por hacer; y eso es algo que se debe evitar a toda costa, animándola a vivir los últimos años en compañía de su familia y haciéndole ver que todavía quedan objetivos por los que vale la pena vivir.”


Bueno, aquí estoy para compartirte mis conclusiones.

En mi caso, creía haber planificado las actividades a cumplir luego de mi jubilación. No obstante ello, recién al concretarse esta tomé plena conciencia de las vivencias de un adulto mayor y confieso que de mucho no sirvió el plan hecho previamente esbozado.

Es tan fuerte el shock de pasar a un estado inactivo y alejado de la rutina laboral mantenida durante decenas de años, que cuesta mucho reacomodarse.

Es cierto que el hecho de tener algunos hobbies como la escritura, la lectura y el interés en ayudar como voluntario a varias ONGs me ayudaron en esta nueva etapa, haciéndome sentir, por lo menos, “parcialmente productivo”.

Resulta clave tener un ideal para concretar, que sirva como un objetivo a lograr cada día, por pequeño que sea, y que nos haga levantarnos con entusiasmo.

Es fundamental también tener un pequeño grupo de pertenencia, que a veces puede resumirse en un amigo, que esté transitando el mismo período de la vida, y con el cual compartir periódicamente los hechos relevantes de nuestra vida.

Respecto de las finanzas y la salud, ambas menguantes durante esta etapa, creo que lo mejor es ser realista, aceptar que por más que despotriquemos no las podemos cambiar, acomodarnos lo mejor posible y tratar de amargarnos demasiado, dado que esto lo único que hace es perjudicarnos aún más.


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Si pudieses resumir en una sola palabra el motivo de tu calificación, ¿cuál sería?

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