Las etnias de Argentina



Tony Salgado

Febrero, 2022


Se ha estimado que la población existente en el actual territorio argentino a la llegada de los españoles era de aproximadamente 500.000 indígenas, con un 70 % asentada en el nordeste y que ya en 1810 la misma estaba totalmente integrada por indígenas, afroamericanos y mestizos de ambos orígenes con españoles.

Los indígenas estaban divididos en cuatro grandes grupos: los pertenecientes a la cultura andina: quechuas, calchaquíes y aimaras; a la Mesopotamia: guaraníes; al Gran Chaco: wichí y qom; y al sur: ranqueles y mapuches, que no pudieron ser colonizados por los españoles.

Como vemos, la actual composición étnica de Argentina es el resultado de la interacción de la población indígena-nativa precolombina con una población de colonizadores europeos ibéricos y con otra de origen africano-subsahariano, inmigrada forzosamente y esclavizada; en la época colonial y el primer siglo posterior a 1810.

Veamos entonces cómo se desarrollaron los acontecimientos..

En primer lugar, durante la época colonial un tercio de la población era de origen subsahariano, de piel en general más oscura que la mayoría de los europeos o indígenas. En su mayoría estaban reducidos a la esclavitud y al servicio de amos españoles o criollos. En este caso se trató de una inmigración forzada, ya que la población africana se radicó en América como resultado del comercio negrero organizado por Europa, mediante el cual se secuestraban personas en África para ser transportadas y vendidas como esclavas.

Una vez iniciado el proceso de independencia de España, en 1813 fue proclamada la libertad de vientres, es decir la prohibición de esclavitud de cualquier persona que naciera en territorio nacional. Luego, en la Constitución de 1853 se decretó la libertad de los esclavos.

Pese a ello, durante las guerras de independencia y las sucesivas guerras civiles, existió una clara tendencia a utilizar a las personas que parecían tener antepasados africanos como “carne de cañón” y, adicionalmente, se ha sostenido que las epidemias afectaron más severamente a los descendientes de africanos y sus familias.

El segundo hecho importante lo constituyó la gran ola de inmigración italiana y española, que arribó mayoritariamente a nuestro país entre 1860 y hasta 1930.

El impacto de esta emigración europea transoceánica fue particularmente intenso por dos motivos:

- por la cantidad de inmigrantes recibidos;

- por la escasa población existente en el territorio.


En el primer censo de 1869 la población argentina no alcanzaba a 2 millones de habitantes,​ mientras que los inmigrantes que ingresaron al país hasta 1940 superaron los 6 millones. ​Para 1920 más de la mitad de quienes poblaban la ciudad de Buenos Aires, eran nacidos en el exterior.

Luego de la Segunda Guerra Mundial la inmigración proveniente de Europa se redujo considerablemente, pero los niveles históricos de la inmigración proveniente de los países limítrofes se mantienen hasta nuestros días.

Finalmente, y cronológicamente hablando, el territorio recibió una considerable inmigración de países sudamericanos, como Paraguay y Bolivia, y en menor medida de los restantes hipanoparlantes.


Como resultado de todo lo anterior, la población argentina cuenta hoy con considerables comunidades organizadas según sus etnias, entre ellas la gom, wichi, aimara, coya, mapuche, napolitana, calabresa, lombardesa, vasca, catalana, gallega, castellana, andaluza, francesa, alemana, árabe, ucraniana, croata, polaca, judía, armenia, chilena, uruguaya, inglesa, peruana, japonesa, china, coreana, entre otras.

El mestizaje ha tenido un gran rol, ya que la inmigración estuvo integrada mayoritariamente por varones solos que en muchos casos se mestizaron en Argentina con mujeres indígenas o de origen africano, dando como resultado un elevado componente genético amerindio.

Estos hechos han sido denominados como “crisol de razas”, aunque el término ha sido considerado un mito, poniendo de relieve la existencia de una gran brecha étnica y social entre descendientes de europeos y no europeos.

Estos mestizajes entre las diversas etnias produjeron un tipo de especial de poblador, característico de la Argentina y otros países vecinos: el gaucho y su equivalente femenino, la china.

Si bien legalmente los criollos eran considerados españoles, en la práctica estos dominaron sobre aquellos y ocupaban las posiciones más altas. ​La discriminación étnica se fortalecía con el hecho de que las pocas mujeres blancas que existían en la colonia, preferían a los peninsulares sobre los criollos,​ muchos de los cuales tenían la piel considerablemente más oscura y rasgos que no coincidían con el estereotipo del blanco español, aunque formalmente lo fueran.

No obstante, los criollos se constituyeron en el principal grupo en promover y conducir el proceso de Independencia de España; y luego de desplazar a los españoles se organizaron como una élite aristocrática y liberal, estableciendo su poder en la estancia característica del Río de la Plata. Fueron los estancieros quienes, por un lado, organizarían y modernizarían el país promoviendo la masiva inmigración europea y, por otro, instalaron un exitoso modelo agroexportador.

Las diversas etnias fundaron organizaciones, clubes y centros de salud comunitarios (Hospital Italiano, Hospital Francés, Hospital Alemán, Hospital Sirio-Libanés, Hospital Israelita, etc.), así como periódicos y teatros que se expresaban en sus propias lenguas.

También en las últimas décadas los pueblos indígenas originarios se organizaron para recuperar y preservar sus tierras, culturas e identidades, así como para reclamar autonomía y en algunos casos soberanía política.

Lo mismo ocurrió con las etnias africanas, que desarrollaron centros para recuperar su memoria y visibilidad, organizándose en defensa de sus derechos. ​

Hasta los años sesenta la inmigración proveniente de países fronterizos estaba fundamentalmente relacionada con las economías regionales de las zonas fronterizas: paraguayos con las cosechas de algodón y yerba mate del Nordeste; bolivianos con las cosechas de tabaco y caña de azúcar en el Norte y horticultura en Mendoza y provincia de Buenos Aires; chilenos con la esquila, la recolección de frutas y el petróleo en la Patagonia, mientras los uruguayos principalmente con el sector de servicios.

Estas migraciones, generalmente temporarias y limitadas a los espacios fronterizos comunes, tuvieron un impacto relativamente menor en la composición étnica de la población argentina.

Desde los años sesenta, con la crisis de las economías regionales la inmigración fronteriza comenzó a dirigirse principalmente hacia el Gran Buenos Aires, donde se encuentra alrededor del 35 % de la población nacional.

En la Argentina, desgraciadamente, existen conductas de discriminación por las características étnicas o el origen nacional de las personas​ y se han difundido términos y conductas para discriminar a ciertos grupos de población.

Las sucesivas emigraciones de Galicia a Argentina, Uruguay, Venezuela, Cuba, entre otros países a finales del siglo XIX y principios del XX, hicieron que “gallego” fuera sinónimo de “español”, y algunos sectores han utilizado el término con una significación despectiva, aparte de los ofensivos “chistes de gallegos”.

Asimismo, los italianos, son referidos despectivamente como "tano bruto",​ o "cocoliche", estereotipados como mal hablados y escandalosos.

A las mujeres francesas y polacas se las ha identificado con la prostitución.​

El antisemitismo en la Argentina ha tenido graves sucesos, como la orden secreta del canciller argentino en 1938 de impedir el ingreso de judíos al territorio nacional​ y los atentados terroristas contra instituciones judías en 1992 y 1994.

Un tipo especial de discriminación se da desde mediados del siglo XX contra personas denominadas como “cabecitas negras”, “negros”, “gronchos”, «grasas», etc, y que están relacionados con gente de clases bajas. En las relaciones laborales es de uso habitual entre las personas con cargos de importancia en empresas, referirse a los trabajadores como “los negros”.

También se han desarrollado términos y actitudes de tipo racista y despectivos, utilizados en frecuencia hacía mitad de la década del 2000 para dirigir a las personas provenientes de la inmigración de Bolivia, Paraguay y Perú.

Finalmente y debido a lo anterior, en 1995 se creó por Ley 24515 el Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI) para combatir la discriminación y el racismo.

Actualmente la población argentina está compuesta por las siguientes etnias: Europea: 67%, amerindia: 28%, africana: 4% y asiática: 1%.


Hola, querido lector. Déjame comentarte que soy hijo de padre y madre gallegos, pero jamás me he sentido estigmatizado por ello. Es más, en la escuela primaria, mis compañeros procedían de todas las etnias imaginables: europeas, criollas, limítrofes, judías y algún que otro, negro. Convivíamos, estudiábamos u jugábamos sin ninguna diferencia entre nosotros. Lo mismo me ocurrió luego en el secundario y la universidad, siempre públicos. ¿Tuve suerte? Tal vez..

Siempre consideré que Argentina era un país abierto a quien quisiera venir a trabajar con buena voluntad y decencia, aunque esto no sea lo habitual últimamente.

Me interesa mucho conocer tu opinión al respecto. La aguardo con ansiedad.

Gracias por el tiempo dedicado a la lectura de este artículo. Un abrazo.

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