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Envejecimiento saludable


Organización Mundial de la Salud, editado por Tony Salgado

 

La Década del Envejecimiento Saludable 2021-2030, declarada por la Asamblea General de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud en diciembre del 2020, es la principal estrategia global para crear una sociedad para todas las edades.

Argentina participa en esta estrategia desde su comienzo. Pueden encontrar sus detalles en la página de la OMS. 

 Este proyecto, que está siendo implementado desde hace 4 años en la mayoría de los países, es una iniciativa de colaboración mundial de distintos sectores y partes interesadas, entre ellos gobiernos, sociedad civil, organizaciones internacionales, profesionales, instituciones universitarias, medios de comunicación y el sector privado, para mejorar la vida de las personas mayores y la de sus familias y comunidades.

 La colaboración se centra en cuatro ámbitos de actuación estrechamente interconectados: 

  • cambiar nuestra forma de pensar, sentir y actuar con respecto a la edad y el envejecimiento;

  • asegurar que las comunidades fomenten las capacidades de las personas mayores;

  • ofrecer una atención integrada y centrada en las personas, y servicios de salud primarios que respondan a las necesidades de las personas mayores; y

  • proporcionar acceso a la atención a largo plazo para las personas mayores que lo necesiten.


Ámbito 1: Combatir el edadismo

A pesar de las numerosas contribuciones que realizan las personas mayores a la sociedad y de su gran diversidad, las actitudes negativas hacia ellas son comunes en todas las sociedades y rara vez se ponen en cuestión.

Los estereotipos (cómo pensamos), los prejuicios (cómo nos sentimos) y la discriminación (cómo actuamos) de las personas por motivos de edad –es decir, el «edadismo»– afectan a personas de todas las edades, pero tienen efectos especialmente perjudiciales sobre la salud y el bienestar de las personas mayores.

Las actitudes hacia la edad, al igual que las relativas al género y al origen étnico, comienzan a formarse en la primera infancia.

A lo largo de la vida es posible que se interioricen (edadismo hacia uno mismo), lo que repercute negativamente sobre los comportamientos relacionados con la salud, el rendimiento físico y cognitivo y la longevidad de la persona.

El edadismo también se traduce en impedimentos en el marco de las políticas y programas de sectores como la educación, el trabajo, la salud y la asistencia social, ya que influye en la forma de plantear los problemas, en las preguntas que se formulan y en las soluciones que se ofrecen.

Como resultado de todo ello, el edadismo margina a las personas mayores en sus comunidades, reduce su acceso a los servicios, incluida la atención sanitaria y social, y limita la valoración y el aprovechamiento del capital humano y social que representan.

La situación de desventaja puede agravarse si el edadismo se combina con otras formas de discriminación, como ocurre en el caso de las mujeres mayores y las personas mayores con discapacidad.

La lucha contra los estereotipos negativos, los prejuicios y la discriminación debe guiar todas las actuaciones, pero también es necesario llevar a cabo actividades que propicien una comprensión más positiva y realista de la edad y el envejecimiento y un mundo capaz de integrar a todas las edades.

 

Ámbito 2: Entornos amigables con las personas mayores

Los entornos físicos, sociales y económicos, tanto rurales como urbanos, son factores importantes que determinan la salud de las personas mayores e influyen poderosamente en la experiencia que supone el envejecimiento y en las oportunidades que ofrece.

Los entornos amigables con las personas mayores son mejores lugares para crecer, vivir, trabajar, jugar y envejecer.

Para crearlos hay que eliminar los obstáculos físicos y sociales e introducir políticas, sistemas, servicios, productos y tecnologías que: 

  • Promuevan la salud y fortalezcan y mantengan la capacidad física y mental durante toda la vida; y

  • Permitan a las personas seguir haciendo las cosas que valoran, incluso cuando empiecen a perder capacidad.

Para lograr esos objetivos y sentar las bases de un crecimiento económico sostenible e incluyente, es imprescindible abordar los determinantes sociales del envejecimiento saludable, entre ellos:

  • Mejorar el acceso a la educación permanente, eliminando los obstáculos para mantener y contratar a trabajadores mayores y limitando las repercusiones del desempleo y la pobreza,

  • Garantizar pensiones y prestaciones sociales adecuadas y económicamente sostenibles y reducir las desigualdades en el acceso a la atención,

  • Mejorar el apoyo que reciben los cuidadores no profesionales.

Para crear entornos amigables con las personas mayores, es preciso conocer bien sus necesidades, establecer prioridades, planificar y aplicar estrategias y recurrir a las nuevas tecnologías.

La inversión en entornos urbanos y rurales amigables con las personas mayores puede permitir que personas con un amplio abanico de capacidades envejezcan de forma segura en el lugar que desean, gocen de protección, continúen desarrollándose en lo personal y en lo profesional, estén integradas y participen y contribuyan en sus comunidades, conservando al mismo tiempo su autonomía, dignidad, salud y bienestar. 

 

 

Ámbito 3: Atención integrada

Las personas mayores han de disponer de acceso a unos buenos servicios básicos de salud que incluyan actividades de prevención y promoción, tratamiento, rehabilitación y cuidados paliativos y terminales, así como a medicamentos y vacunas esenciales, atención odontológica y tecnologías sanitarias y auxiliares que sean seguras, asequibles, eficaces y de calidad, y debe velarse para que la utilización de dichos servicios no les cause dificultades económicas.

Muchos sistemas sanitarios están concebidos para tratar problemas agudos de salud más que para atender las dolencias de las personas mayores, y no están preparados para prestar a estas una atención sanitaria de buena calidad, coordinada e integrada a distintos niveles y vinculada a un modelo sostenible de atención crónica.

La atención primaria, piedra angular de la cobertura sanitaria universal, es el principal punto de acceso de las personas mayores al sistema de salud. Es también el enfoque más eficaz y eficiente para mejorar la capacidad y el bienestar físico y mental.

Para reforzar la atención primaria de salud de modo que las personas mayores dispongan de una asistencia accesible, asequible, equitativa y segura en su comunidad, es preciso contar con personal competente, leyes y reglamentos apropiados y fondos suficientes y sostenibles.

A estos efectos, resulta indispensable promover la equidad y la justicia y la protección social, así como erradicar el edadismo generalizado, que limita el acceso de las personas mayores a servicios de salud de calidad.


Ámbito 4: Atención a largo plazo

Una merma significativa de las condiciones físicas y mentales puede restringir la capacidad de las personas mayores para cuidar de sí mismas y participar en la sociedad.

El acceso a servicios de rehabilitación, tecnologías auxiliares y entornos propicios e incluyentes puede mejorar su situación; no obstante, muchas personas llegan a un punto en sus vidas en el que ya no pueden cuidar de sí mismas sin contar con apoyo y asistencia.

El acceso a una atención a largo plazo de calidad es esencial para que las personas conserven su capacidad funcional, disfruten de los derechos humanos básicos y lleven una vida digna.

Todos los países deben disponer de un sistema de atención a largo plazo para las personas mayores que incluya asistencia social y apoyo en la vida diaria y el cuidado personal, a fin de que estas puedan mantener sus relaciones, envejecer en un lugar adecuado, evitar el maltrato, acceder a los servicios de la comunidad y participar en actividades que den sentido a su vida.

Ha de facilitarse una amplia gama de servicios, tales como atención diurna, servicios de relevo y asistencia domiciliaria, los cuales deben estar vinculados a su vez con la atención de salud y con amplias redes y servicios comunitarios.

 Resulta prioritario apoyar a los cuidadores no profesionales y reforzar su capacidad, pues ello contribuirá a reducir la inequidad y a aliviar la carga que soportan las mujeres.

 

 

Al leer el contenido de este capítulo, no puedo menos que pensar que para los adultos mayores jubilados de a pie, como es mi caso, en nuestro país esto suena a Disneylandia, por ponerlo en términos elegantes.

Pero luego de esbozar una gran sonrisa inicial a modo de total incredulidad, me puse a reflexionar sobre… ¿Por qué a nosotros, no se aplica?

Seguramente infinidad de argumentos inundarán nuestra mente de inmediato, como ser: se roban toda la plata, nadie se interesa por los viejos, ya están obsoletos para cualquier trabajo, lo único que quieren es que nos muramos pronto… etc, etc,.

Superado ese amargo obstáculo, en el que la mayoría de nosotros queda estancada haciendo que abandonemos el tema, no obstante, me surgió un par de interrogantes: ¿estoy haciendo todo lo que puedo para analizar el proyecto y algunas potenciales alternativas de uso local?, y ¿por qué no me sumo al mismo a nivel global?

En definitiva, si bien es cierto que está ya en su cuarto año de vida; todavía faltan seis años más para aportar ideas y descubrir aquellas que nos pueden ayudar..

Y aquí me tienen, comenzando esta nueva actividad, a la que invito a participar a quienes quieran sumarse. Ya les iré contanto lo que vaya aprendiendo.

Es una noble causa y el cómodo “no te metas, que acá no pasa nada” me resulta muy difícil de digerir    

 

Tony Salgado

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