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Propuestas para crecer

Por Graciela Izaguirre, editado por Tony Salgado

Mayo, 2023

 

“A veces la soledad se convierte en la asidua compañera del jubilado. Soledad que luego deja paso a un doloroso vacío vital, que más tarde será ansiedad y que termina, no pocas veces, en depresión. La soledad es muy mala consejera.

La depresión es una respuesta frecuente a la jubilación obligatoria. Se manifiesta, primero, en forma de pérdida de la propia autoestima, para dar paso después a sentimientos negativos de cara al futuro, tristeza, desarrollo cada vez de menor número de actividades, ensimismamiento, fatiga, etc. Y ese aislamiento, esa melancolía, esa pérdida de interés por la vida, hace que también sea más vulnerable, esté más expuesto a contraer todo tipo de enfermedades.

Si una persona ha puesto toda su vida, sus intereses, incluso su valer y ser personal en el trabajo, lo normal es que, al ser apartada de él, se encuentre vacía, con una vida carente de sentido y de contenido. Por el contrario, si durante los años de vida activa ha desempeñado un trabajo duro, poco gratificante, del que no ha obtenido apenas más satisfacción que ganar dinero para la familia, entonces lo lógico es que se alegre al ser jubilado”.

 

En mi caso, la profesión de ingeniero industrial que ejercí durante más de cuarenta años en IBM Argentina, me permitió atesorar un cúmulo de experiencias muy positivas y satisfactorias. Rodearme de gente muy valiosa, conocer varios países de Europa y América e, incluso, vivir casi siete años con mi familia en ellos, son recuerdos que apreciaré y gradeceré eternamente. Por lo tanto, es cierto que al jubilarme, hace ya trece años, al comienzo experimenté un enorme vacío durante unos meses, del que intenté salir rápidamente encarando nuevas actividades.  

 

“Los cambios que han tenido lugar en estos años en la escala de valores de nuestra sociedad han alterado los modelos colectivos de conducta, y que la marginación social que sufren los mayores va unida estrechamente a su pérdida de ocupación. Lo que nada cambiará realmente mientras no variemos esto luchando contra los estereotipos y las ideas preconcebidas que hacen hoy del mayor un ser inútil e innecesario.

Será necesario buscar las soluciones a los problemas con los que va a encontrarse cuando llegue el momento de la jubilación.

El Dr Leopoldo Salvarezza (1996), cuando se refiere a la jubilación dice que la jubilación implica descanso. Pero descanso no es igual que no hacer nada. Llevar a cabo actividades físicas e intelectuales es imprescindible. Es esencial permanecer ocupados.

A partir de la jubilación todo el tiempo es suyo. Esto exige replantearse la vida, organizarla quizá de forma diferente a como lo ha hecho hasta ahora. Pero es imprescindible organizarla. La rutina anterior debe ser sustituida por otra, diferente, pero necesaria. De lo contrario, y sobre todo en un principio, ese tiempo de que se dispone se convierte en una carga. Una carga más pesada de lo que pueda imaginar. No saber cómo llenarlo de forma positiva y satisfactoria, se transforma en angustia. Es necesario, encontrar un nuevo equilibrio.

La mejor forma de vencer el tiempo es estar activo, mantener la curiosidad por las cosas, conservar vivo el interés. Interés de saber, de aprender cosas nuevas, de conocer gente y lugares, de estar informado de lo que pasa en el mundo, de entender por qué ocurren las cosas”.


 

Descubrí pronto que la lectura y la escritura siempre me habían atraído y que, producto de mi dedicación total a mi profesión, no había podido desarrollarlas como hubiese podido hacerlo. Así que, sin pensarlo dos veces, manos a la obra. En diez años escribí catorce libros de varios géneros: familiares, experiencias de mis viajes, novelas históricas y de ficción, entre otros. También me propuse leer cuarenta páginas por día de una gran cantidad de afamados libros que compré, y los que disfruté ampliamente.

 

“Vivir resignadamente la vejez lleva al sentimiento de fracaso vital, al empobrecimiento. Vivirla positivamente, como la culminación de la vida, como la etapa sin la cual la vida quedaría inacabada, inconclusa, cambia radicalmente la perspectiva.

La vejez, el sentir que se entra en esta parte de la vida, supone una crisis similar a otras que se pasan antes, en otros momentos; bien resuelta dará origen a un nuevo crecimiento personal.

Se habla de la crisis de la adolescencia, de la de los cuarenta años. Tal vez es el momento de hablar de la crisis de la vejez.

Como las demás, es compleja y tiene varias caras. Por una parte , es una crisis de identidad que puede hacer tambalear los pilares más profundos de nuestro ser. Para superarla hay que luchar contra ese estereotipo que hace de las personas mayores algo sin valor alguno, firmemente convencidos de que son personas dignas de amar y de ser amadas, de que son competentes e importantes. El paso de los años da canas y experiencias, pero no nos quita valor.

La vejez no es una etapa terminal y vacía de contenido. Es una etapa más de la vida. Envejecer no es un drama. Es tiempo para crecer”.

 

Luego me pregunté cuál sería mi legado a mi familia. Una simple pregunta, pero de muy difícil respuesta. Después de discernir sobre ella, habiendo incorporado ya a mi haber las actividades que mencioné antes, y acercado a la iglesia luego de más de cincuenta años, una nueva motivación surgió. Ayudar a los que menos tienen y a la gente mayor, como yo. Me acerqué a ONGs (El pobre de Asía, Cáritas, Manos abiertas), a geriátricos, a la creación de este blog para adultos mayores y a ayudar a mi hijo en la implementación de herramientas informáticas para el tercer sector.       

 

He ido compartiendo mi experiencia de jubilado, luego de dejar la empresa en la trabajé toda mi vida, y sin guardarme nada.

Mi único anhelo es que las actividades descriptas puedan constituir algunas pistas que ayuden a otras personas a transitar este ineludible tramo de la vida.

 

Tony Salgado

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