El amor subordinado al poder

Actualizado: 13 sept 2021

Las relaciones entre el poder y el amor, en esta instancia, muestran un notable desequilibrio en favor del primero. Héctor Mandrioni debe recurrir a Friedrich Nietzche para buscar las raíces de tal desbalance y desarrollar su propia interpretación.

¡Espero que les guste!


El amor subordinado al poder

“Trazas de poder y de amor” (2019)

Tony Salgado, en base a conceptos tomados del filósofo Héctor D Mandrioni.


“Este estado se da en una persona cuando su cuerpo, alma y espíritu se comprometen al unísono en un mismo movimiento ascendente y constante de voluntad de poder, el que se logra solo mediante una permanente autosuperación.

Aquí la persona considera que todo lo sublime de las cosas reales o imaginarias es susceptible de ser reivindicado como propiedad y producto del hombre; como su más bella apología.

La concreción de la eliminación de todo mundo superior al hombre se anuncia en la conocida expresión "Dios ha muerto".

Utiliza una parábola de tres transformaciones del hombre: la etapa del camello, la del león, y la del niño.

La primera transformación representa al hombre bajo el yugo del platonismo y de la ley moral.

La segunda alude a la rebelión en el desierto, donde el hombre rechaza el mundo metafísico y categórico. Eliminado así el "Tú debes" moral, el hombre afirma su autonomía y como consecuencia de esta liberación de todo valor e ideales trascendentes, la vida misma carece de objetivos, propósitos, o valores intrínsecos.

En la tercera transformación, el hombre pasa de tener una posición pasiva a tener otra heroica, relacionada con una nueva fundación de valores. Esta es la etapa del niño; plena de inocencia y olvido, como una rueda que gira espontáneamente.

El mundo es un portento de fuerza, sin principio ni fin. Es un ente con ímpetu, arrebato y vitalidad; que se crea constantemente a sí mismo y que constantemente se autodestruye. Es un "más allá del bien y del mal" sin fin.

Como consecuencia, la esencia más profunda de este mundo y su fundamento último es la voluntad de poder, y el hombre mismo es voluntad de dominio.

Ser, vida y voluntad de poder son lo mismo. El ser de la vida es un querer ser siempre más, un constante trascender todo límite y un ansia indefinida de incrementar su poderío.

El "más poder" es un fin intrínseco a la vida misma; los límites que encuentra en su camino son los medios para trascenderlos y acrecentarlo aun más. La voluntad de poder tiene siempre como fin “el sí mismo”, mientras que “el otro” es solo un medio.

Se dice que la voluntad de mandar a todas las cosas es como una "voluntad de amante", pero pronto nos apercibimos de que no es el amor el que determina la voluntad, sino que la voluntad es la raíz de este amor, y el amor, instrumento de aquella voluntad.

Por eso afirma que es necesario convertirse en hombres de una sola voluntad, y esta virtud nueva es un "poder", un "sol dorado y en torno a él, la serpiente del conocimiento".

El amor y el conocimiento deben ponerse al servicio de la voluntad del poder, en su tarea de otorgar un nuevo sentido a la tierra.

En el amor verdadero el "tú" es alguien al que el "yo" se abre y se entrega en la figura de un encuentro. Pero, por el contrario, aquí el "tú" es un límite que debe ser trascendido y absorbido por la que la voluntad del poder. El alma que ama con un amor de esta índole quisiera hacer sufrir a aquellos mismos que alimenta con su amor, despojándolos de los dones que les regala; por eso retira su mano cuando contempla la mano menesterosa que se tiende hacia él para tomar.

Dios ha muerto en su corazón y comportamiento y la aparente realidad de la voluntad de poder atea con que se sustituyó su vacío se va mostrando cada vez más en su verdadera naturaleza. La razón es clara: el acrecentamiento del poderío humano no ha podido ser justificado porque el hombre no logró calificarse moralmente.

Por más que la voluntad, convertida en dueña de sí misma y del mundo, trate de bombear criterios, sentidos y razones, metas e ideales, en lugar de autoconstituirse, contempla angustiada los abismos interiores y exteriores que amenazan devorarla.

El esquema se refiere entonces a la eliminación de la trascendencia; al reconocimiento del abismo producido por la muerte de Dios y el deseo de colmar con obras brotadas del poderío humano, el abismo de su ausencia; y la experiencia de un mundo desorientado por la incapacidad de asumirse con responsabilidad, una vez abandonado sólo a sí mismo.

La vinculación del amor con la voluntad de poder está ligada, como es obvio, a su crítica al cristianismo.

Sabido es que Nietzche interpretó la moral cristiana en términos de debilidad, resentimiento, ansia de venganza, degeneración y enfermedad.

El acto de amor no se funda ya sobre el mero "respeto a la ley" sino sobre la capacidad de promover el advenimiento del superhombre y de contribuir al incremento de la voluntad de poder.

Frente al amor-placer, se pone de relieve el aspecto atormentado y trágico del amor de inmolación, inherente a la moral heroica.

Si el superhombre debía vincularse con todo su ser a la naturaleza e integrarse a ella para convertirse en juez y medida del valor de todas las cosas, era lógico que sintiera en sí la plenitud y el infinito del conocimiento y del amor, de la intuición y del poder.

El amor concretado en la satisfacción de las simples necesidades elementales sólo es pertenencia de los hombres inferiores; al hombre superior le está reservado el gozo de saberse justificado en su obra por toda la eternidad.

El amor está hecho de soledad, de distancia respecto de los otros y del propio sí mismo, y del desprecio por todos.

El amor a sí mismo, mediante su constante profundización, exalta los valores individuales diferenciadores hasta elevarse al rango de la auténtica "universalidad".

Falta en la figura del amor la apertura y la salida hacia el “tú”, la capacidad de recibir del otro y el verdadero intercambio en la reciprocidad amorosa. El amor del hombre superior no llega al alma del "tú". Entre el yo y el tú no existen identidad ni respeto: sólo hay separación y lejanía.

Podemos sintetizar diciendo que, así como el amor cristiano radica en una fundamental "excentricidad", este tipo de amor sólo conoce una esencial centricidad: el yo; y su potenciamiento constituye el fin último del mismo.

El amor revela el superhombre y la creación de un nuevo pueblo como expresión de la voluntad de poder. La noticia más importante no es hija del amor, sino del poder.

En cierto sentido, el amor es retrotraído a su situación pre-cristiana: sólo ama el indigente. El superior no puede amar realmente, ya que el amor es sólo un camino, un método, una fase pasajera que al final debe extinguirse absorbida por la voluntad, una vez alcanzada la plenitud del poder y del conocimiento propios del ser superior”.


He tratado de traducir la interpretación filosófica del conflicto entre estas dos poderosas fuerzas a las que somos sometidos, a nuestro lenguaje diario para permitir su análisis posterior. Espero haberlo logrado.

Creo que resulta evidente que este tipo de relación tendiente a anular a uno de los dos actores, no es lo que la mayoría de nosotros desea; y que debemos ser capaces de identificarlo lo antes posible para evitar que nos perjudique.


Me gustaría saber ¿Cuáles son opiniones o comentarios al respecto?


En las próximas entregas semanales les iré mostrando otras nuevas formas de relación entre el Poder y el Amor.


¡Los espero!


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