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Ascendientes remotos

Tony Salgado

2023


Siempre me gustó indagar sobre quiénes fueron mis antepasados, sus orígenes e historias de vida, los lugares que recorrieron y cualquier otro dato que me permita descifrar cómo arribé a mi “aquí y ahora”.

En algunos de mis libros narro historias y personajes imaginarios que pudieron haber estado asociados a ellos, en base a lo que bucear en distintas fuentes de información.

Hasta ahora las mismas se remontan hasta el siglo XIV en la Galicia sueva y luego asediada por los moros, en forma parcialmente documentada y con un cierto grado de veracidad.

Todo lo que antecede a esa época es para mí una gran incógnita y es por ello que cada vez que se presenta ante mis ojos cualquier material que me ayuda a despejar esa incógnita, lo leo con detenimiento.

Es así que hace escasas semanas apareció una información en la CNN que llamó poderosamente mi atención y deseo compartirla.


En 1974 se hallaron en Etiopía los restos de un antepasado humano primitivo, y el descubrimiento proporcionó una visión sin precedentes de una especie que vivió millones de años antes de que los humanos pisaran la Tierra.

El raro fósil, que representaba el 40% de un esqueleto perteneciente a una hembra de Australopithecus afarensis, recibió el nombre de "Lucy", por la canción de los Beatles "Lucy in the Sky With Diamonds".

Ahora, los investigadores utilizan el esqueleto para averiguar cómo se desplazaba este antiguo pariente humano hace 3,2 millones de años.

Los resultados del estudio se publicaron recientemente en la revista Royal Society Open Science.





Lucy era más baja que la media de los humanos, alcanzando aproximadamente 1 metro de altura, tenía una cara similar a la de un simio y un cerebro de un tercio del tamaño de un cerebro humano.

El fósil de Lucy incluye el 40% de su esqueleto, uno de los fósiles de Australopithecus más completos hallados hasta la fecha.

El análisis del fósil de Lucy durante los últimos 20 años ha sugerido que ella y otros de su especie caminaban erguidos. Pero la autora principal del estudio, la Dra. Ashleigh, quiso ir un paso más allá y recrear un componente de Lucy que no se fosilizó: sus músculos.

El aspecto definitorio de lo que nos hace humanos es la capacidad de caminar sobre dos piernas, pero entender cómo y por qué evolucionó ha sido objeto de debate durante mucho tiempo.

Gracias a los recientes avances en modelización computacional, ahora es posible investigar estas cuestiones. Por supuesto, en el registro fósil nos quedamos con los huesos desnudos. Pero los músculos animan el cuerpo: permiten andar, correr, saltar e incluso bailar. Así que, si queremos entender cómo se movían nuestros antepasados, primero tenemos que reconstruir sus tejidos blandos".

El estudio de los fósiles de Australopithecus afarensis puede aportar información sobre la evolución del bipedismo, o caminar erguido, y cuándo surgió en los primeros antepasados humanos.

Las reconstrucciones de los músculos de Lucy también podrían utilizarse para determinar cómo se movía Lucy de otras formas.

Se desarrolló un método llamado modelado muscular poligonal, el que fue utilizado inicialmente para reconstruir los tejidos blandos que faltaban de reptiles extintos llamados arcosaurios que vivieron hace 247 millones de años.

A continuación, se aplicó el mismo método a Lucy por primera vez para comprender la forma y el tamaño de sus músculos y cómo los utilizaba para moverse, evaluando si se parecía al contoneo agachado de un chimpancé erguido o a la postura de un humano.

Se utilizaron escáneres del fósil de Lucy y datos de humanos para construir un modelo tridimensional de los músculos de las piernas y la pelvis del Australopithecus.

Tras recopilar datos de resonancias magnéticas y tomografías computarizadas de estructuras musculares y óseas de humanos modernos, se creó digitalmente un modelo musculoesquelético.

Luego se utilizaron escáneres del fósil de Lucy para determinar cómo se articulaban y movían sus articulaciones en vida.

Se colocaron 36 músculos en cada pierna utilizando el "mapa muscular" de los datos de los humanos modernos, combinado con "cicatrices musculares", o rastros perceptibles de conexión muscular que se detectan en los fósiles.

El esqueleto de Lucy difiere del de los humanos porque tenía piernas más cortas y una pelvis más parecida a una plaqueta, vista de arriba.

El modelo demostró que, mientras que el muslo de un humano moderno tenía aproximadamente un 50% de masa muscular, y el resto se atribuía a grasa y hueso, el muslo de Lucy habría tenido casi un 75% de músculo.

En conjunto, los músculos de las piernas de Lucy eran mucho más grandes y ocupaban más espacio que los de los humanos modernos.

Lucy vivió hace 3,2 millones de años en la sabana africana. Tendría que haber caminado por terrenos irregulares y explorado una mezcla de entornos boscosos y praderas abiertas.

Una mayor masa muscular equivale a una mayor fuerza, y no sorprende que las reconstrucciones de los músculos demuestren que tenía mayor masa muscular que un humano, lo que le permitía moverse libremente entre estos diferentes entornos.

Los humanos tienen una postura estable con las piernas completamente estiradas, pero cuando los chimpancés se ponen de pie, no pueden estirar las piernas.

Caminan con una postura agachada debido a sus caderas y rodillas dobladas, razón por la cual los chimpancés caminan mayoritariamente a cuatro patas.

El modelo 3D demostró que el efecto de palanca de los músculos extensores de la rodilla de Lucy le permitía mantenerse erguida como los humanos modernos.

Esto significaba que Lucy podía estar de pie y probablemente caminar con la misma eficacia que nosotros.

Australopithecus como Lucy vivían en un entorno que incluía tanto praderas abiertas como bosques densos, y tenían cuerpos adaptados para prosperar tanto en el suelo como en los árboles.

Lucy probablemente caminaba y se movía de una forma que no vemos en ninguna especie viva hoy en día. Si era bípeda como nosotros y caminaba exclusivamente sobre dos piernas, debería poder moverse de forma similar a como lo hacemos los sápiens.


Eso significa que, haciendo un par de cálculos rápidos, si el tempo transcurrido desde la época de Lucy hasta la actualidad equivaliera a un año calendario, todo lo que pude averiguar sobre mis antepasados hasta el siglo XIV equivale a solo dos horas en dicho año.

Y con esta nueva información, como con muchas de las que voy encontrando, se presentan dos aspectos: uno positivo y otro negativo.

Comenzando por el último, mi incógnita sigue en pie: ¿qué pasó durante los restantes trescientos sesenta y cuatro días y veintidós horas?

Y la positiva. ¡Hay mucha tela para cortar todavía! Y si Darwin aún viviese, intuyo que me podría ayudar bastante en esta tarea.


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