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Uno de los secretos del éxito

Tony Salgado, 2024 

 

Ser optimista y pesimista al mismo tiempo es posible, y resulta ser el secreto del éxito de Bill Gates

Esta filosofía permite tener las suficientes garantías para afrontar retos, sin caer en el inmovilismo de pensar que todo va a salir mal.

Bill Gates ha vivido en la cima del éxito empresarial y económico durante buena parte de su vida gracias a los logros conseguidos al frente de Microsoft.

Esa carrera en la cumbre ha ido modelando sus hábitos hasta pulirlos para exprimir al máximo su productividad en todos los aspectos de su vida.

El fundador de Microsoft ha ido desarrollando distintos trucos en su día a día con el fin de optimizar los procesos repetitivos de su rutina, como seleccionar su dieta o afianzar los hábitos de lectura.

Sin embargo, el millonario tiene una máxima que ha mantenido durante buena parte de su carrera: prepárate para lo peor, alégrate de lo mejor.

Bill Gates aprendió a gestionar las incertidumbres de la vida y los negocios comprendiendo que no se puede ser tan optimista como para pensar que todo va a salir siempre como se planea, ni ser tan pesimista como para creer que todo será un fracaso absoluto.

El equilibrio de ambos es la clave de su éxito.

  


 El escritor Morgan Housel reveló en su libro ‘Lo que nunca cambia’ que la habilidad de Gates para prepararse ante dos escenarios totalmente opuestos era lo que lo realmente le había hecho triunfar.

Según el escritor, están los optimistas puros, que piensan que todo va a salir bien y ven la negatividad como un defecto de carácter.

Housel opina que este rasgo revela un exceso de ego.

Esas personas tienen tanta confianza en sí mismas que no contemplan otra opción más que el éxito.

Por otro lado, están los pesimistas absolutos, que piensan que todo es terrible y va a salir mal.

Consideran la positividad como una falta de realismo.

En realidad, ambos rasgos son las dos caras de la misma moneda del ego, porque ahondar en este planteamiento revela poca confianza en sí mismos y piensan que nada va a salir como ellos quieren.

En una entrevista en 2017 para el programa de Ellen DeGeneres, Gates reflexionó sobre ese equilibrio entre el optimismo a largo plazo y una actitud más pesimista en lo inmediato.

“Siempre estuve preocupado porque las personas que trabajaban para mí eran mayores que yo y tenían hijos, y siempre pensaba: ¿Qué pasa si no nos pagan? ¿Podré hacer frente a los sueldos?”.

El millonario confesó que siempre se aseguró de tener un fondo de emergencia con el capital suficiente para hacer frente al pago de los sueldos de los empleados de Microsoft durante al menos un año sin tener ningún tipo de ingreso.

En otra entrevista de 1996, el millonario también mostraba una actitud que, si bien era optimista por los resultados que esperaba obtener en un futuro inmediato con el lanzamiento de Windows 95, se mostraba preocupado por las dificultades que debía afrontar su empresa. “Es un desafío que debemos asumir para mantener el crecimiento y seguir haciendo cosas nuevas, pero no veo espacio para la complacencia aquí. Veo una inmensa oportunidad, así que lo único que me preocupa es la complacencia. Creo que ese es nuestro mayor enemigo”.

El autor explica que el millonario encaja en lo que se denomina ‘Optimismo racional’.

Este concepto, descrito por el escritor Matt Ridley, reflexiona sobre que la vida es una consecución de problemas, decepciones e inconvenientes, pero que todo ello no impide que se progrese.

Lo que ha aprendido Gates a lo largo de su trayectoria al frente de una de las mayores compañías tecnológicas del mundo, es que solo se puede ser optimista a largo plazo si se es lo suficientemente pesimista como para sobrevivir a los inconvenientes y problemas que surgen en el día, e ir solucionándolos.

De ese modo, el fundador de Microsoft se aseguraba el suficiente colchón financiero como para tomar decisiones arriesgadas en el día a día, sin tener que preocuparse del impacto que tendría en sus empleados si sus decisiones no eran las correctas.

Esta filosofía se puede aplicar a cualquier aspecto de la vida.

Para las finanzas, Morgan Housel que el equilibrio entre pesimismo y optimismo es lo que realmente lleva al éxito: "ahorra como un pesimista e invierte como un optimista. Hay un momento y un lugar para ambos y deben coexistir".

 

 

 

Esto es algo que suscribo plenamente y que, de hecho, no me canso de transmitirlo siempre a quienes me rodean circunstancialmente.

Tener una concepción así de la vida, con sus realidades y sus proyectos futuros, es absolutamente necesario para mantener los pies sobre la tierra, pero sin abandonar nuestros objetivos de mediano y largo alcance.

De no hacerlo y planificar solamente creyendo que los hechos ocurrirán tal como creemos, nos expondrá innecesariamente a riesgos e imprevistos, tanto financieros como de recursos de otra índole; los que podrán evitarse al incorporar en nuestro plan una importante dosis de contingencias que podrá utilizarse luego durante el desarrollo del mismo.

En mi experiencia, no han sido pocas las veces que he debido recurrir a ella y en algunas, inclusive, debo confesarles que me he quedado corto en la previsión inicial, lo que generó luego importantes e indeseable problemas.

Así que… ¡Planificar para lo peor, esperando que ocurra lo mejor!

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