Solemnidad de San José

Sábado 19/03/22


¿Sabías que San José tuvo el privilegio de ser esposo de María, de criar al Hijo de Dios y ser la cabeza de la Sagrada Familia?


Es patrono de la Iglesia Universal, de muchísimas comunidades religiosas, instituciones y países, y de la ‘buena muerte’.

Es conocido como el “Santo del silencio” porque no se conoce ninguna palabra pronunciada por él pero, sin embargo, sí conocemos sus obras, su fe y amor, los que influenciaron en Jesús y en su santo matrimonio.

Según una tradición popular, doce jóvenes pretendían casarse con María y cada uno llevaba un bastón de madera muy seca en la mano. De pronto, cuando la Virgen debía escoger entre todos, el bastón de José milagrosamente floreció y los ojos de María se fijaron en él. Por eso se lo representa con un bastón florecido en las manos.

Junto a Santa María, sufrió que no los quisieran recibir en Belén la noche en que María dio a luz en un establo y, a los pocos días, ser llevado fuera del país, rumbo a Egipto. Nada parecía seguro en la forma como su Hijo llegaba al mundo, todo lo contrario: José tuvo que encabezar la huida de la familia, como si hubiese cometido una falta o un delito, cuando lo único que quería era poner a Jesús a buen recaudo, lejos de la mano asesina de Herodes. Y con toda esa inseguridad, el buen José obedeció a Dios en todo y confió enteramente en la Providencia.

Como era un carpintero, no pudo darle lujo alguno a Jesús y tuvo que hacerlo convivir con la pobreza. Supo atenderlo y enseñarle su profesión, permitiendo que el Señor conociera el cariño y la guía de un padre. Nada se guardó para sí, y todo lo dejó por Él. José supo comprender a su Hijo cuando su misión lo apremiaba, como cuando se extravió y lo encontró enseñando en el templo.

¡Cuántas veces debe haberse quedado contemplando la grandeza de Dios en ese Jesús niño o adolescente mientras se iba haciendo hombre! ¡Cuántas veces deben haber hablado y compartido experiencias! Y es que Dios, en su humildad infinita, se dejó educar mansamente por José, mientras Él, Jesús, educaba a su propio padre en la tierra con sus palabras y sus gestos.

San José es el Patrono de la buena muerte porque tuvo la dicha de morir acompañado y consolado por Jesús y María.

La Iglesia católica lo tiene como Santo Patrono y protector desde siempre, pero esa misión no fue explicitada hasta que el Papa Pío IX lo estableció así en 1847.

Hacia el final de su vida, Santa Teresa terminó escribiendo: “durante 40 años, cada año en la fiesta de San José le he pedido alguna gracia o favor especial, y no me ha fallado ni una sola vez. Yo les digo a los que me escuchan que hagan el ensayo de rezar con fe a este gran santo, y verán que grandes frutos van a conseguir".

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