Miércoles de Ceniza

02/03/22


¿Sabías que el Miércoles de cenizas es un día santo cristiano de oración y ayuno?


Así es, está precedido por el Martes de Carnaval y es el primer día de la Cuaresma en los calendarios litúrgicos católico y anglicano, como así también de diversas religiones protestantes, luterana, metodista, presbiteriana y algunas bautistas.

Se celebra cuarenta días antes del Domingo de Resurrección, que marca el final de la Semana Santa.

La ceniza, cuya imposición constituye el rito característico de esta celebración, se obtiene de la incineración de los ramos bendecidos del año anterior.

Es una celebración litúrgica móvil, en diferentes fechas cada año, relacionada con la celebración de la Pascua. Acontece entre el 4 de febrero y el 10 de marzo.

Desde los orígenes de la liturgia cristiana nunca se ayunó en día domingo por ser "día de fiesta", la celebración del Día del Señor. Entonces, se movió al miércoles previo al primer sábado del mes.

Se realiza la imposición de la ceniza a los fieles que asisten a misa.

Las cenizas son bendecidas y colocadas sobre la cabeza de los fieles como signo de la caducidad de la condición humana; como signo penitencial, ya usado en el Antiguo Testamente y como signo de conversión, que debe ser la nota dominante durante toda la Cuaresma. ​

Puede iniciarse con una procesión penitencial desde el exterior del templo, desde una capilla vecina, o por lo menos una entrada procesional del sacerdote celebrante y los ministros sagrados. Mientras ocurre esta procesión se cantan las letanías de los santos. Una vez llegados al altar, omitiendo los ritos iniciales y el rito penitencial, el celebrante reza inmediatamente la oración colecta.

Luego de la homilía, se procede a la bendición de la ceniza con una breve oración pronunciada por el sacerdote celebrante, quien asperja las vasijas que contienen la ceniza. Seguidamente se realiza la imposición de la ceniza sobre los fieles.

El sacerdote deja caer la ceniza en su cabeza, o bien traza una cruz de ceniza en la frente de quien la recibe, según la costumbre.

Es costumbre (no obligatoria) dejar y no lavar la ceniza hasta que esta desaparezca por sí misma.

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