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Experiencia migratoria de jóvenes argentinos (I de II)

Nicolás Maranzana

Universidad Nacional de Mar del Plata

Tesis de Grado, Mayo 2023

Editado por Tony Salgado

 

“La literatura da cuenta de que el fenómeno de las migraciones ocupa un lugar cada vez más importante en la agenda de los países y que, al mismo tiempo, los y las jóvenes comienzan a tener un rol protagónico dentro de este fenómeno.

Dada la actualidad del tema en nuestro país y ante la escasez de trabajos locales que focalicen en los y las jóvenes migrantes, esta investigación se propuso explorar y comprender el proceso migratorio y la experiencia laboral de jóvenes argentinos/as que emigraron del país en años recientes, para lo que se llevó adelante un estudio cualitativo mediante la realización de entrevistas en profundidad.

Indagar en la vida laboral previa al momento de la partida nos permitió empezar a comprender el contexto de salida de las y los migrantes entrevistados y a la vez salieron a la luz los aspectos y situaciones del mundo del trabajo que fueron formando su percepción del mismo y que en varios casos se constituyeron en factores clave a la hora de tomar la decisión de migrar.

Sobre su primer empleo y su decisión de comenzar a trabajar se pudo concluir que en general la introducción al mundo laboral de las y los entrevistados se produjo en torno a los 18 años, motivada principalmente por la necesidad de independencia económica y colaboración con la familia.

Es a partir de estos primeros empleos donde comienzan a experimentar y convivir con las irregularidades en el ámbito del trabajo que en general los acompañarán a lo largo de gran parte de su trayectoria en el país (se pueden mencionar sólo como ejemplo las pagas en negro o la sobrecarga laboral).

Ante esta situación, pudimos observar en base a los relatos que al principio del recorrido laboral estos y estas jóvenes restaban importancia o aceptaban estas situaciones por la necesidad de ganar experiencia, y ya una vez que contaban con la misma, es la necesidad de contar con ingresos y el hecho de reconocer con resignación un contexto (económico y laboral) como falto de oportunidades lo que los hizo continuar aceptando la convivencia con este tipo de prácticas.

Además, lejos de atribuirlo a una cuestión de capacidad personal, son estas mismas razones (el contexto, la situación del mercado de trabajo y la falta de oportunidades) las que son señaladas como las principales por los y las jóvenes que pasaron por períodos de desempleo al no poder insertarse y a la vez (entre otras) las que comienzan a germinar dentro de varios de ellos y ellas la idea de la migración.

 Cuando nos adentramos en las razones que llevaron a este grupo de jóvenes a migrar, nos encontramos con que en ellos y ellas suelen convivir varios motivos, algunos que pueden coincidir parcialmente con lo planteado por los estudios y teorías “tradicionales” o “adultocéntricas” de la migración y otras que parecieran ser típicas de este grupo etario y de esta nueva generación de migrantes argentino/as.

Así, es que se pueden recoger una serie de razones personales y del contexto que confluyen entre sí para terminar de dar impulso a su salida del país.

De acuerdo al marco teórico planteado, la situación del mercado de trabajo y el contexto económico de los países actúan como determinantes claves a la hora de decidir migrar y pudimos ver que entre estos y estas jóvenes varios de estos elementos fueron importantes en su experiencia migratoria.

Independientemente del nivel de estudios alcanzado, en la visión y experiencia de muchos de ellos y ellas contar con estudios supriores no fue (y no es) una garantía para una inserción laboral exitosa en nuestro país.

Así, la frustración y la sensación de no correspondencia por parte del mercado de trabajo y el país en general (ante la exigencia de requisitos desmedidos para la contratación o la falta de oportunidades) signaron la experiencia de aquellos y aquellas jóvenes con estudios que no pudieron insertarse en un empleo “de lo suyo” y terminaron por ser un impulso más a la hora de tomar la decisión de migrar.

Por más que al momento de decidir abandonar el país la totalidad de las y los entrevistados declaró tener un trabajo, sólo algunos comentaron estar a gusto con ese empleo, por lo que se puede concluir que entre este grupo de jóvenes, resignar o tener que dejar el empleo que poseían al momento previo a migrar no fue algo de mayor relevancia, sino que por el contrario, fue algo que impulsó su decisión.

A lo comentado en el párrafo anterior, entre ellos y ellas se suma una visión poco esperanzada del contexto del país, ya que en general manifestaron vivir con incertidumbre acerca de su futuro, sin posibilidades de poder planear su vida tanto económica como profesionalmente.

La inflación, las pocas posibilidades de proyección, la imposibilidad de ahorrar y la inseguridad social son las circunstancias que marcaron su percepción de lo que les tocaba vivir en Argentina y se constituyeron en un aliciente más para impulsar su salida.

En este marco, en muchos de ellos y ellas la idea de migrar surge a partir de entrar en contacto con la experiencia de amigos, conocidos o familiares y comienza a ser considerada como una posibilidad para cumplir sus propios objetivos.

Así, la expectativa de mejorar la calidad de vida y conseguir mejores ingresos se constituyó en una de las razones más populares entre estos/as jóvenes a la hora de migrar, dado que la inestabilidad e incertidumbre económica del país, los vaivenes laborales y en varios de ellos y ellas la frustración por no conseguir un trabajo que cumpla con todos sus deseos y expectativas aparecieron apuntadas como una constante en la mayoría de los relatos.

Pero resulta que tal como ya mencionamos, entre estos y estas jóvenes la motivación de migrar va un poco más allá y es caracterizada también por una serie de factores no contemplados en las investigaciones con un enfoque “tradicional” sobre este fenómeno.

De esta forma, entre ellos y ellas se manifiestan también otras motivaciones como (en sus propias palabras) el deseo de “romper esquemas” y escapar de la rutina, viajar, aventurarse a lo desconocido y salir de su zona de confort.

Incluso entre aquellos/as que manifestaron estar conformes a nivel laboral, la migración es vista como una posibilidad para ponerse a prueba, conocer nuevos contextos y culturas y llenar esos vacíos que sentían en su vida rutinaria.

A la vez, para varios de estos y estas jóvenes esta decisión y experiencia resultó un paso clave en la búsqueda de una identidad propia y la transición a la independencia personal que terminarán por marcar el final de esta etapa de la vida de cara a la adultez.

Al igual que las motivaciones que los impulsaron a migrar, pudo observarse que existe más de una razón entre los y las jóvenes a la hora de elegir su destino de acogida.

Puede concluirse que la racionalidad económica es la que predomina cuando eligen a qué país migrar. Tener conocimiento de las posibilidades de trabajo y de poder acceder a sueldos e ingresos mayores a los que percibían en Argentina resultó ser su principal motor.

A partir de allí, en general la elección se decanta hacia los países que además de cumplir con dicho requisito les permitan obtener visados para poder residir y trabajar de manera legal teniendo en cuenta las políticas migratorias de cada uno de ellos.

Por otro lado, la existencia de redes sociales de apoyo en el lugar de destino a la hora de seleccionar un país fue otro ítem muy ponderado para decantar su decisión.

La información brindada por conocidos (amigos o familiares) en base a su experiencia previa, o el hecho de contar con gente que los ayude en su adaptación y primeros pasos en el país receptor fue algo muy valorado entre ellos y ellas.

Por último, puede decirse que los países culturalmente lejanos (si cumplen con el requisito previo de representar una oportunidad económica) no son vistos por ellos y ellas con temor a la hora de elegir un destino a pesar de las barreras idiomáticas, sino que por el contrario para algunos/as es tomado como un desafío y una posibilidad de aprender, transformándose en un factor de atracción más para impulsar su elección.

Una vez tomada la decisión, el costo más grande que este grupo de jóvenes enfrenta al encarar la migración es el emocional y el desarraigo, pudiendo concluirse en base a sus relatos que lo que más les cuesta resignar al irse es la cercanía con sus afectos, sus lazos y su cultura.

Una vez en destino, pudo observarse que más allá de la burocracia propia de cada país, estos/as jóvenes suelen adaptarse e instalarse rápidamente en su nuevo contexto.


 

Un factor importante en este proceso de adaptación es el choque con un nuevo idioma, donde si bien no manejar la lengua local no representa una traba fundamental, sí se reconoció como necesario hablar o esforzarse por aprender inglés.

El hecho de encontrarse con la necesidad de comunicarse en un nuevo idioma resultó un desafío y aunque se pudo concluir en base a sus relatos que el hecho de no hablar la lengua local (o inglés) a la perfección no representó ni un impedimento para que estos y estas jóvenes terminen optando por migrar ni una traba a la hora de conseguir un empleo, sí se reconoce que acota mucho la variedad de trabajos a los que estos jóvenes pueden acceder ante la falta de un nivel de fluidez acorde a lo pretendido.

Esta situación, sumado a la necesidad de revalidar su título para poder ejercerlo (entre los entrevistados con estudios superiores) hace que en general estos/as jóvenes no consigan y en la mayoría de los casos ni intenten buscar trabajos “de lo suyo” o (en algunos casos) no se inserten en empleos como los que solían desempeñar en Argentina antes de partir.

Amén de lo anterior, la inserción laboral en los países de acogida suele darse de manera rápida, y aunque la situación desatada por la pandemia de COVID-19 por momentos representó un obstáculo en algunos casos, estos/as jóvenes se muestran sorprendidos por la facilidad con la que acceden a un trabajo.

El boca a boca, la recomendación de otros viajeros y migrantes como ellos/as y la búsqueda de empleo por internet se constituyen como la forma más común de acceso al mercado laboral.

Cuando nos preguntamos en qué trabajos logran insertarse estos/as jóvenes nos encontramos con que las inserciones en el sector de servicios y el desarrollo de actividades que podrían considerarse de baja cualificación son casi una constante.

En concordancia por lo planteado por la teoría del mercado dual y lo expresado por la mayoría de los entrevistados parecería observarse una segmentación del mercado de trabajo donde estos/as jóvenes suelen ocupar puestos en un sector secundario, de mano de obra intensiva donde la oferta de trabajadores locales es escasa.

Así, los empleos más comunes a los que suelen acceder son trabajos que impliquen esfuerzo físico (como trabajos de campo, construcción o mantenimiento) o atención al público (por ejemplo en gastronomía).

Si bien en términos generales las condiciones laborales de los trabajos que realizaron los entrevistados y entrevistadas en el exterior fueron buenas y reconocen que no es la norma, es común que en algún momento de su experiencia como migrantes al igual de lo que les sucedía en Argentina, convivan con alguna situación irregular o que en alguna oportunidad hayan sido contratados en negro.

Al mismo tiempo, muchos/as reconocieron que como migrantes realizaron trabajos que en Argentina en primera instancia no elegirían y realizarían sólo en caso de necesidad.

Esta situación nos dio pie a preguntarnos por qué allá sí aceptan este tipo de trabajos y nuevamente en base a su relato y en concordancia con la teoría del mercado dual, concluimos que el principal motivo es la remuneración recibida.

A pesar de que los sueldos que obtienen suelen ser considerados bajos en los países de acogida, los y las jóvenes los perciben como altos al compararlos con los que solían recibir en Argentina.

A su vez, trabajando incluso en los trabajos más básicos del escalafón social, experimentan un nivel de vida al que en su país de origen no se podían permitir acceder.

Por otro lado, y reforzando lo anterior, varios/as de estos/as jóvenes manifiestan no tener un status que mantener en las sociedades de destino, algo que según expresan quizá sí pesaría para algunos/as de ellos/as en Argentina a la hora de escoger un empleo.

Todas estas implicancias parecen quedar de lado, ya que su principal objetivo respecto al empleo en el exterior es la obtención de dinero y no la formación de una carrera.

Así mismo, se puede concluir en base a su experiencia que la realización de este tipo de empleos en los lugares de destino es visto como una aventura y una nueva experiencia a emprender por cada uno de ellos y ellas.

En este marco, observamos incluso que estos y estas jóvenes pierden el miedo a cambiar de empleo y que la rotación laboral es vista con benevolencia ya que manifiestan que, a diferencia a lo que les sucedía en Argentina, si no están a gusto o simplemente se aburren de un trabajo, no tienen problema en cambiar a otro ya que son conscientes de que encontrarán lugar fácilmente de nuevo en el mercado laboral.

Y es que justamente este hecho es uno de los más ponderados por ellos y ellas al pedirles que comparen su trayectoria laboral como migrantes con su vida laboral en Argentina.

Suelen valorar también las menores exigencias de los empleadores a la hora de seleccionar un empleado ya sea por la experiencia, edad o apariencia física, cosas que resaltan eran trabas recurrentes de los reclutadores argentinos.

Podemos concluir también que estos/as jóvenes experimentaron y consiguieron un nivel de vida diferente y superior al que estaban acostumbrados.

El poder adquisitivo de sus salarios les permitió acceder a bienes y experiencias que de acuerdo a su relato no podrían haber conseguido en Argentina. La posibilidad de ahorrar, la existencia de un entorno económico más estable que les permite planificar qué hacer con sus ingresos, estar inmersos en un mercado laboral dinámico que les otorga más libertades a la hora de escoger dónde y cuánto tiempo trabajar (teniendo en cuenta las limitaciones antes mencionadas) y la menor sensación de inseguridad en las calles, son todos elementos que se rescatan y sobresalen del relato de estos/as jóvenes migrantes y nos permiten aseverar esta afirmación.

A pesar de reconocer sentirse más preparados para el mercado laboral local en caso de algún día volver, la mirada de ellos hacia las posibilidades de trabajo en Argentina sigue siendo hostil y en general reconocen que las nuevas herramientas y experiencias laborales obtenidas en el extranjero no les servirían de mucho.

Y es por esto y por la nueva calidad de vida que experimentaron en el exterior que casi la totalidad de ellos y ellas no tiene planeado retornar al país, al menos en un futuro cercano.

En balance, para estos/as jóvenes la experiencia migratoria fue satisfactoria y definitoria en sus vidas, dando pasos significativos en cuanto al crecimiento personal y su independencia.

El hecho de salir del lugar de origen y lo que ellos/as denominan su zona de confort los/as hizo experimentar situaciones que les permitieron expandirse individual y personalmente.

Estas son las cosas que más valoran de todo el proceso, junto con las nuevas posibilidades económicas a las que accedieron y sus nuevas y variadas experiencias laborales.

En conclusión, todos parecen haber obtenido lo que esperaban al encarar su proyecto migratorio.

A modo de cierre, esperamos que esta investigación exploratoria sirva para echar luz y aportar al estudio del fenómeno de las migraciones con el foco y perspectiva puestas en las nuevas juventudes y que sea una base que inspire a profundizar en las diversas aristas del tema en futuras investigaciones”.

 

 

Durante mi carrera profesional en IBM, he sido asignado a misiones internaciones en un par de oportunidades: Boulder, Colorado, USA (1976-1979); y Valencia, España (1983-1986); antes de cumplir 40 años.

Como muchos jóvenes de hoy, ambas me ofrecían grandes perspectivas de desarrollo, incluyendo la posibilidad de quedarme a vivir en dichos países.

Confieso que fue una decisión muy difícil de tomar ya que, si bien mi profesión me llamaba a quedarme, mi familia y su estabilidad afectiva me indicaban lo contrario. Y, finalmente, prevaleció esta última.

A la luz de los acontecimientos futuros hoy, cuarenta años después, no me arrepiento de dicha decisión. Mis hijos han crecido rodeados del afecto familiar y han tenido la posibilidad de terminar sus carreras en universidades reconocidas por la calidad de su educación.

En la actualidad, dos de mis tres hijos viven en Barcelona y una en CABA. Los tres, más mi esposa, han podido desarrollar sus propios proyectos personales y profesionales, lo que muy probablemente no hubiera sido posible si no hubiese regresado.

Hoy corren otros tiempos y la inmediatez de resultados a la que aspira nuestra juventud hace que la mejor opción sea la emigración, la misma a la que se decidieron mis padres, pero con sentido inverso, cuando viajaron desde Galicia hasta CABA cien años atrás.

Solo me resta desearles la mejor de las suertes a los jóvenes emigrantes, y estoy seguro de que dejarán muy en alto el prestigio de nuestro querido país.

En el próximo artículo veremos cómo los recibe el principal lugar, Barcelona, destino de la mayoría de ellos.

 

 

Tony Salgado

 

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