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El éxodo de argentinos hacia España (II de II)

ABC, Helena Cortés y Luís Cano, Diciembre 2023

Editado por Tony Salgado

 

“De la Casa Rosada a España. Alberto Fernández, que a partir de la próxima semana será ya expresidente de Argentina, tiene sobre la mesa varias ofertas de universidades españolas para volver a dar clase.

Tras la victoria electoral de Javier Milei, no le parece mala idea poner tierra de por medio, contó en una entrevista en 'El País'.

Se sumaría así a la larga lista de compatriotas que, sobre todo en los dos últimos años, han decidido iniciar una nueva vida a este lado del Atlántico.

Sólo en el primer semestre de 2023, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), se mudaron a España 29.500 argentinos, el récord de cualquier semestre de la serie histórica.

En los dos últimos años, el ritmo de llegadas se ha multiplicado por cinco respecto a la década pasada: desde 2021, hemos recibido a unos 100.000 inmigrantes del país sudamericano, mientras que en la década pasada la media era de 10.000 personas por año.

Según los últimos datos del padrón, a 1 de enero de 2022 vivían en España 328.333 argentinos, más que en la provincia de Tierra del Fuego.

Argentina es la sexta comunidad extranjera más numerosa, solo superada por Marruecos, Colombia, Rumanía, Venezuela y Ecuador, y por delante de Reino Unido, Perú, Francia y China.

Para Juan Manuel Silva, líder de la comunidad digital “Argentinos por España”, este sería el tercer gran éxodo que sufre su país natal, después de las salidas que se produjeron en los años de la dictadura y la crisis de 2001.

“Ahora mismo no estamos viviendo solo un problema económico, sino también cultural. La gente está cansada de cómo se gestionan las crisis. Argentina está como en una depresión. Si incluso en pandemia mucha gente se va de su país, eso es hartazgo puro”, admite este publicista y emprendedor, que llegó a Madrid en 2019 y montó con dos compatriotas una tienda de empanadas.

“Nosotros somos muy emprendedores, porque en Argentina si no te apañas tú es muy difícil que el país te resuelva nada, para bien y para mal”, bromea.

A él siempre le había atraído la idea de vivir con su familia en otro lugar, que sus hijos crecieran y se formaran en un país extranjero, pero el empujón definitivo fue el retorno del peronismo, “la vuelta del populismo al poder”, resume.

Los motivos económicos, con una inflación desbocada que supera los tres dígitos y que aún está por ver cómo recorta Milei, pesan a la hora de hacer las maletas.

Pero hay que sumar también la falta de expectativas, puntualiza Diego Arcos, presidente del Casal Argentino en Barcelona, asentado en Cataluña desde 1989.

Hay familias, señala con un acento inconfundible que no pierde ni al hablar catalán, que prefieren probar suerte fuera antes de que la situación empeore, y también inmigrantes afincados en la Península desde ese “exilio económico” de 2001 que se traen ahora a sus padres, ya mayores, porque confían más en la sanidad española que en el empobrecido sistema argentino.

Barcelona ha sido, históricamente, el destino favorito de los inmigrantes del país del tango, y aglutina al 25% de la comunidad, seguida de Madrid, que reúne al 16%. Se nota también su predilección por el Mediterráneo: muchos eligen además Málaga (9%), Valencia (8%), Baleares (7%), Alicante (6%), Tarragona (2%) y Gerona (2%).

La mayoría de los recién llegados son jóvenes en edad de trabajar, entre 25 y 34 años, y vienen con la familia, con la idea de echar raíces.

De hecho, el 10% del censo argentino en nuestro país tiene entre 0 y 9 años. “Miami es la ciudad del mundo con más argentinos, pero quien viene a España busca mejor calidad de vida. Además, hay algo cultural. Tenemos un vínculo aspiracional con Europa. Muchos tienen raíces familiares aquí y, en el caso de España, además, hablamos el mismo idioma y nos sentimos cómodos, como en casa”, apunta Silva.

La mayoría de los que se deciden a abandonar el país sudamericano, señala Arcos, son de clase media trabajadora: “El 40% de la población argentina que está por debajo del umbral de la pobreza prácticamente no pueden ni emigrar al pueblo de al lado. Yo siempre digo a aquellos que nos contactan y quieren venir a España que el presupuesto mínimo para emigrar son 5.000 euros. Si no tienes al menos 7.000 euros lo vas a pasar mal”.

Otra pista que indica que los inmigrantes argentinos tienen mayor nivel socioeconómico que otros muchos de su región es su distribución en Madrid capital.

Los de Buenos Aires compran mayoritariamente en distritos de alto poder adquisitivo, como Centro o Salamanca, mientras que su presencia es menor en barrios como Vicálvaro o Villaverde, a pesar de que son los distritos que mayor porcentaje de población extranjera tienen, según los datos del Ayuntamiento de Madrid.

Gustavo Martín, natural de Mendoza, ha aterrizado esta semana en Madrid con su mujer y sus dos hijos. Quiere abrir una filial de su negocio, Go Móvil, en España. A ellos, lo que les ha impulsado a poner tierra de por medio, además de la necesidad de seguir creciendo, es la incertidumbre. «Queríamos ir a un sitio donde las cosas estuvieran más ordenadas, sobre todo por los que vienen detrás”, apunta este argentino de bisabuelos españoles. “Al final, cuando tienes un panorama de estabilidad, el pan cuesta lo mismo de un día para otro y las instituciones no cambian las reglas del juego, puedes ocuparte de las cosas que importan y no tener que estar pensando hacia dónde girar con cada movimiento”.

Su paso por la capital es, sin embargo, una pequeña escala camino de Málaga, donde se quedarán, al menos, hasta que consigan hacer todo el papeleo para ampliar su negocio.

En este sentido, afirman, ha sido decisiva la experiencia de otros empresarios migrantes, en la Asociación Argentino Española de Emprendedores (Asaede).

Pese a que están contentos con el desafío que acaban de iniciar, reconocen que les costó mucho tomar la decisión.

Al final sus hijos también dejan atrás amigos y escuela y tienen que adaptarse a otras costumbres, parecidas en muchos casos pero muy distintas en otros.

De hecho, han elegido establecerse en Málaga porque tiene un tamaño y un clima parecido al de Mendoza. “Lo bueno es que hoy por hoy, gracias a las nuevas tecnologías, es más sencillo controlar y administrar negocios aquí y allá, porque lo nuestro no deja de ser una pequeña empresa”.


 

El portavoz del Casal Argentino de Cataluña también reconoce que en los últimos años es muy frecuente este fenómeno de “trabajadores golondrina”, migrantes temporales que pasan, por ejemplo, medio año al servicio de los turistas en los Pirineos y el otro medio en los Andes.

Y apunta a otro fenómeno reciente: inmigrantes ya jubilados que vuelven a Argentina porque, gracias a la pensión que cobran en euros, pueden vivir muy bien en su tierra natal.

¿Y en un futuro?

Los dos representantes de las comunidades argentinas en España no creen que esta nueva diáspora tenga un fin cercano. «El país va a entrar ahora en una etapa de mucho ajuste fiscal. Eso genera poca actividad, pocos recursos y la gente lo va a notar. Muchos no tendrán posibilidad de irse, pero quien pueda lo va a hacer; la gente está agotada. La grieta cultural y económica es muy profunda y eso no va a cambiar porque haya un nuevo gobierno”, reconoce Juan Manuel Silva, que afirma que habrá que esperar a ver qué decisiones toma Milei como presidente, porque una cosa es la campaña electoral y otra entrar en la Casa Rosada.

“Eso sí, Argentina no es Venezuela, la mayoría de la gente no coge un billete y se va, sino que tienen un plan”.

Como el doctor Gabriel González, que está esperando a que le homologuen su título para poder hacer las maletas rumbo a España.

Él ha estudiado psicología, psiquiatría y neurología, pero su evolución profesional se ha frenado.

Ahora, la sanidad pública no tiene recursos para destinar a la investigación, por lo que tiene que limitarse a pasar consulta. Planea asentarse en nuestro país con su familia, pero no sabe cuánto dilatará sus planes la burocracia.

“Hemos perdido muchos médicos y enfermeros, profesionales bien formados, que ya no van a volver”, lamenta.

Y estos pueden ser solo la avanzadilla de muchos más”.

 

 

Desde 2001 hasta hoy realicé como mínimo un viaje anual a Barcelona, donde residen dos de mis tres hijos, por lo que puedo dar fe de la evolución de la emigración a  dicha ciudad.

La integración social de quienes llegan no es sencilla y requiere tiempo. En general, a los argentinos en general nos cuesta más. Venimos precedidos desde la década de los ochenta de una bien ganada fama de “sudacas”, la que recién ahora está comenzando a revertirse con la llegada de los nuevos profesionales.

Hay inmigrantes de otros países, como ser marroquíes, paquistaníes, rumanos, venezolanos y ecuatorianos, que ya se han establecido antes que nosotros y son aceptados más fácilmente. Serán necesarios entre tres y cinco años como mínimo para poder adaptarse totalmente. La educación pública y privada se da en catalán.

El costo de vida es altísimo para nosotros. Un departamento típico de tres ambientes de sesenta metros cuadrados, dependiendo del barrio, no baja de mil trescientos euros para alquilar, más expensas; y doscientos cincuenta mil para comprar. Una familia con dos hijos necesita como mínimos tres mil euros mensuales para vivir, sin ningún tipo de excesos.

Como contrapartida de lo mencionado antes, se podrá disfrutar de una mayor estabilidad económica, seguridad y la posibilidad de conocer, si el presupuesto lo permite, otras regiones de España y países vecinos.

Mi conclusión es que vale la pena encarar el proyecto de emigración, pero sabiendo de antemano que no serán recibidos con los brazos abiertos, simplemente por ser argentinos, sino que deberán ganarse la integración compitiendo con otras nacionalidades.

Les deseo mucho éxito en su proyecto.  

 

Tony Salgado

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