¿Cómo estamos preparando a nuestros hijos para vivir en su mundo?

Richard Gerver

Londres, Licenciado en Educación, considerado uno de los profesores destacados del Reino Unido. Premio Nacional de Enseñanza, Doctor honoris causa y consultor de Unesco.


Cuando llegó a la escuela primaria Grange como su nuevo director, en 2003, se encontró con un panorama desolador, que incluía alta deserción, bajo rendimiento, pésima infraestructura y una gran apatía generalizada de alumnos, maestros, padres y el resto del ecosistema educativo. Pero en apenas dos años logró convertirla en una escuela modelo y en un caso de estudio para la Unesco. Concentró sus energías en involucrar y potenciar a todos los involucrados, y en romper los moldes, a pura innovación. Su proyecto conllevó riesgos, pero sus resultados fueron contundentes.


Ahora nos alerta sobre los riesgos del abandono escolar por la pandemia. La pregunta que siempre debemos hacernos es cómo estamos preparando a nuestros hijos para vivir en su mundo. Ellos tendrán tiempos realmente desafiantes.


Durante muchísimos años se ha hablado de lo rápido que estaba cambiando el mundo, de lo incierto que era el futuro con la globalización; y la gente reconocía que era cierto, pero lo veía como algo a futuro. Dos grandes eventos potenciaron las tendencias de cambio e incertidumbre: la crisis financiera de 2008 y esta pandemia global, una de las experiencias compartidas más desafiantes en la historia de la humanidad.


Debemos entender qué podemos hacer para mejorar. Tenemos que estar mejor preparados a nivel personal porque puede ocurrir que experimentemos otra pandemia, otra crisis económica global o una gran crisis medioambiental planetaria.


Necesitamos un sistema educativo más abierto, que se enfoque más en el desarrollo de las personas que en lo académico.

El problema es que todo cambio sistémico es aterrador en cualquier ámbito de la vida, y sobre todo cuando se trata de cambiar un sector que parecería estar bien. Por eso la educación ha quedado atrapada en un bucle.


Pero ahora el mundo se ha puesto patas para arriba en seis meses y millones de estudiantes han tenido que estudiar desde sus casas, pero un gran porcentaje de la población mundial no tuvo acceso a esa tecnología. Así que la división se ha ensanchado aún más. Y aún entre quienes sí tienen acceso, ya sean maestros, estudiantes o padres, muchos se sienten insatisfechos porque provee un abordaje muy unidimensional.


La educación nunca es eficaz si los jóvenes no se comprometan con el proceso. Se puede "vender" un modelo educativo a los padres, a los políticos y a las empresas. Pero, ¿y si los estudiantes lo rechazan? En ese caso tu sistema educativo nunca será de alta calidad. ¡Muchos chicos abandonan el sistema educativo porque no creen que sea relevante!


Lo primero, entonces, que debemos hacer es garantizarnos que los jóvenes sientan que la educación es valiosa para ellos, rica en contexto y en experiencias. Si es así, los estudiantes comenzarán a percibir la importancia de participar. Y si logramos eso, entonces sí podremos construir un sistema en torno a ellos.

Mi reflexión.

Es necesario dar acceso a la tecnología a la mayor cantidad posible de estudiantes, creando una red a la que los jóvenes se puedan conectar entre ellos.

Debemos preguntarles ¿por qué no quieren participar? , sin juzgarlos, y empatizarnos con sus problemas.

La comunidad educativa debe incluir a los padres y otros familiares directos.


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