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La crisis climática

Tony Salgado

con información de “El País”

2023


Argentina camina por semanas decisivas que definirán las candidaturas para sus próximas elecciones presidenciales. Después de que el actual presidente Alberto Fernández y expresidentes como Mauricio Macri y Cristina Fernández anunciaran su intención de no aspirar a la Casa Rosada, la carrera política por el cargo más importante del país latinoamericano es incierta. Con más de 15 precandidatos de múltiples partidos políticos, el escenario final sobre quiénes aspiran a liderar el país se definirá a finales de este mes.

Como ha ocurrido en la mayoría de países de la región, Argentina irá a las urnas atravesando un momento político, social y económico complejo. En este momento, la desaprobación del Gobierno de Fernández llega al 68% y el país pasa por una crisis económica intensa con una inflación interanual que en abril se ubicó en el 108,8% (una cifra de tres dígitos que no se veía desde octubre de 1991) y un dólar “blue” —el que se tranza de manera informal— cuyo valor ha subido más del 80% frente al dólar oficial, profundizando la incertidumbre.

Lo anterior se traduce, inevitablemente, en vulnerabilidades sociales. Por ejemplo, en el último año Argentina tuvo la segunda inflación más alta de alimentos en el mundo con 115%. Esto resulta particularmente grave en un país en el que el 61,6% de los niños y niñas, alrededor de 8,2 millones de personas, sufren de pobreza monetaria y otros 4,2 millones sufren de inseguridad alimentaria.

Este preocupante panorama, con razón, ocupa las discusiones alrededor de la campaña presidencial. Sin embargo, hay un tema ausente que puede representar una oportunidad para la economía y la sociedad argentina: el cambio climático. En un momento en el que la gran mayoría de las familias argentinas se preocupan por sobrevivir, este parece un tema irrelevante, pero en realidad es todo lo contrario.

Como lo señalan los últimos reportes de organismos internacionales y numerosos estudios científicos, el mundo está en una década crítica para la acción climática. De acuerdo con el Panel Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), sólo con la infraestructura actual y planeada de combustibles fósiles, el mundo se calentará aproximadamente 2 grados centígrados, lo que traerá graves consecuencias.

Argentina es uno de los países más vulnerables a los efectos del cambio climático de la región. De acuerdo con el Global Climate Risk Index de 2021, de 180 países analizados, Argentina ocupa el puesto número 55 en exposición y vulnerabilidad a eventos climáticos. De hecho, el cambio climático ya le está jugando una mala pasada al país respecto al aumento de las temperaturas y la baja disponibilidad de agua que profundizan los impactos de la sequía y por ende las desigualdades sociales.





La crisis climática debe ser tratada como un elemento central para alcanzar los niveles de desarrollo económico, político, social y ambiental que Argentina espera y necesita para los siguientes años. Y para esto, es necesario contrarrestar la narrativa equivocada de que la lucha contra el cambio climático va en detrimento del desarrollo.

Lejos de ser una traba para el desarrollo, la acción climática es una oportunidad para Argentina. El país ya ha avanzado en institucionalizar el cambio climático en la gobernanza nacional a través del Gabinete Nacional de Cambio Climático y el Consejo Asesor, y ha sostenido su ritmo de reporte y comunicación promoviendo la transparencia en el marco del Acuerdo de París, lo cual debe ser mantenido y respaldado por la acción en los territorios.

Sobre esta base, por ejemplo, Argentina puede jugar un rol clave en la transición energética dado su potencial solar y eólico, reduciendo su dependencia a los combustibles fósiles, aumentando el acceso a energías renovables para la población y mejorando su competitividad en el mercado. Adicionalmente, la movilidad eléctrica podría generar 120,000 nuevos empleos y el país puede ser competitivo en diferentes productos como la producción de alimentos agroecológicos, manufacturas, y energía, entre otros.

La oportunidad no solo es a nivel nacional sino también a nivel internacional. Argentina es el tercer país que más emisiones genera en América Latina, después de Brasil y México, y la mitad de ellas provienen del sector energía. Los tres países son los únicos de la región que pertenecen al G20, y en este contexto, un nuevo Gobierno argentino puede trabajar en conjunto para liderar el cambio con miras a, entre otras, aumentar la visibilización de la región en la política climática global, apoyándose en momentos políticos clave, que de por sí pondrán los ojos en América Latina, incluyendo el G20 en Brasil en 2024 y la COP30 de cambio climático en ese mismo país en 2025.

Esta alineación geopolítica es además una oportunidad para trabajar con otros gobiernos como los de Chile y Colombia, y generar alianzas que redunden en mayor unidad regional con el objetivo de atraer importantes beneficios como el acceso a recursos financieros, inversiones y capacidad técnica para apoyar la transición energética justa y el fortalecimiento de la capacidad de adaptación y resiliencia de nuestros países, ciudades y comunidades.

Es hora de que todos los partidos políticos y sus candidatos y candidatas aborden el tema del cambio climático desde una mirada integral, entendiendo que la crisis climática está intrínsecamente ligada a los principales sectores productivos argentinos que se encuentran amenazados por los impactos climáticos en el corto y mediano plazo. Por ejemplo, si las tendencias globales se normalizan, el petróleo y el gas argentino al que los gobiernos le siguen apostando para estabilizar la economía (solamente en 2023 se esperan inversiones de casi US$8,000 millones en Vaca Muerta), se convertirán en inversiones desperdiciadas que no generarán las ganancias prometidas por los cambios ya previsibles del mercado.

Las y los argentinos deberán elegir en tiempos de crisis. La próxima elección que sucederá en octubre puede ser el preámbulo del cambio necesario o bien, retrasar la transición y seguir apostando por las viejas recetas conocidas que han llevado al país a una profundización de sus crisis, desperdiciando la oportunidad fundamental de descarbonizar la economía al tiempo que se crea un país más justo y resiliente.

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